domingo, 4 de junio de 2017

BRILLOS

He eliminado mi perfil de facebook, ¿a que no se habían dado cuenta? Adiós al flashy flashy. Ha sido mi definitiva desaparición de las redes sociales sin contar whatsapp (eso nunca) y blogger, claro, este denostado subapartadillo de google que sobrevive sólo y precisamente gracias a las redes sociales.
                                            


No es más que una cuestión de ahorro. Ahorro de tiempo. Una vez me hice una cuenta de Tuitter y mi incapacidad para decir basta me demostró que podía pasar horas, horas, digo bien, tanto para soportar una discusión sobre el animalismo de Alex Gibaja, como para leer una guerra fratricida entre susanistas y sanchistas. Bueno, en facebook, me pasa que busco a mis amigos, a los de verdad, pero para eso tengo que pasar por dos gifs de gatitos lindos, tres frases para la posteridad (mañana) acompañando una foto que ¡oh! se mueve, se mueven las cejas, se mueven los labios, se mueven los ojos, se mueve el pelo. Bien, lo confieso. Puede que no haya sido por esto. Después de los dos gifs, las tres fotos, y un post que te conmina a compartir si de verdad estás contra el maltrato animal, no encontré nada de mis amigos, los de verdad digo. Quizás duele el azar (uno no sabe a qué horas se conectan sus amigos) de que una foto mía sacándome el último moco obtenga más reacciones que la muerte de mi madre. Y uno no quiere ser un inquisidor, no quiere decidir quién es su amigo o no en función de sus reacciones cibernéticas teniendo en cuenta que puedo contarlos con los dedos de mis manos, y debo, si no cuidarlos, al menos no perderlos. Así que supongo por ahí van los tiros, por mi afición a la inquisición. No soportaría convertirme en un inquisidor, de esos que saben distinguir tan bien entre el bien y el mal, lo correcto y lo incorrecto, de qué debe hablar la gente y de qué no, incluso con quién debe posar y con quién no. Hay un usuario con aires de líder, cuyas reflexiones voy a echar de menos. Comentaba cada día cómo las redes apaleaban a un personaje público por decir algo que no casaba con lo establecido como políticamente correcto. Hablaba de la estupidez humana de Instagram, que nos hace sentir buenos fotógrafos, del Tuitter, que nos hace sentir inteligentes, y del facebook no sé, la verdad, porque es esa extraña mezcla entre las dos anteriores, edulcorada hasta tal punto, que mire usted, en facebook uno tiene a la suegra, al jefe, al vecino, al profe de bachata, y no, no todo congenia. 
Tanta sobrestimulación, tanto flash, tanto perrito, tanto morrito, tanto gatito, tanto guiño, tanto lince en peligro de extinción, tanto compartir sin compartir, qué te voy a decir que te conmueva entre tanto color, tanto destello, tanto ruido, tanto run run, tanta pantalla encendida que ya no ilumina a nadie. Si quieren ustedes hablamos de la muerte, debería haber propuesto antes de irme, pueden comentar lo que se les ocurra entre foto y foto de su prima segunda en Tenerife, que por fin se atreve a enseñar las lorzas, el desayuno, la habitación donde se aloja, cómo separa la ropa blanca de la ropa de color, y las ganas que usted tiene de ocultar sus actualizaciones, pero se le aparece la abuela en plan pacificador, intentando recordar lo unida que debe estar la familia. Si quieren hablamos de por qué los niños no hablan inglés ni yendo a un bilingüe, pueden aportar sus fotos de niños rubios finlandeses, todos concentrados y sonrientes con sus tablets, pueden hacerlo después de compartir la foto ficticia de ese asesino hijo de puta que anda en búsqueda y captura no por su peinado ochentero, sino por alguna muerte que no conoce, y que le dará alas para declararse excepcionalmente a favor de la pena de muerte y enseñar con más orgullo su tattoo selfie, que es tan flashy flashy y alucinante, qué bueno esto, qué malo lo otro, odio las patatas gajo del telepizza tanto como la humanidad odia a Donald Trump, sí, lo digo en serio, es un aporte importante a la personalidad, yo con la cebolla lloro tanto como se puede llorar con un cartelito de fondo oscuro pray for whatever city in the western world!! 
Todos somos la madre Teresa de Calcuta, también Einstein, Neruda, superpapis, supermamis, superfriends, llenaron un día de me gustas su foto de perfil y otro día no se dieron cuenta de que la cambiaron, un día alguien se va a suicidar porque no le comentaron su foto de Instagram, qué voy a decirle a usted si acaba sus oraciones con un lol, xddd, y sus afirmaciones son un sip que le hacen parecer indiferente, la cosa consiste en juntar palabras acompañando a su sonrisa profidén, y lo demás es coser y esperar a que sus autómatas pulsen un botón para aplaudirle, babearle, sonriéndole a esa nada que es tan nada y tan reflashy, tan sin palabras, para qué escribió usted la parrafada que luego tiene que pedir disculpas, por qué no mandó sus palabras a la mierda, si algún día nos quedaremos en silencio, un flashy silencio que nos asfixie las ideas, que nos vuelva tan lerdos que digamos no leo libros, pero sí leo en las redes, que es lo mismo y más variado.
Supongo que lo hice para vivir más y por coherencia, yo, el ser más incoherente, porque quería vivir fuera de ese vertedero mental tan flashy flashy. Y es cierto, ahora, me siento un poco más muerto. 

                    

4 comentarios:

  1. Así que te has decidido por "salir definitivamente de las redes sociales sin la esperanza de que nada cambie". Vamos, que es bastante coherente, más teniendo en cuenta lo estúpidas y sinsentido que se han vuelto. Ese usuario con formas de líder que mencionas se me parece a otro que tengo entre los amigos del Facebook y uno de mis favoritos en esa red, aunque a veces se me torne un poco gruñón.
    Recuerdo que hubo una época en la que entraba al Facebook nada más para jugar, de veras, ahora ya ni sé para qué entro (además de para perder el tiempo), tengo doscientos y tantos usuarios en mi cuenta y creo que me sobran más de las tres cuartas partes. Pero supongo que no la elimino por costumbre o cobardía, por si me da después nostalgia porque uno no sabe cuándo le asalte alguien a la memoria en forma de "¡hombre, que estará haciendo aquel o aquella con su vida!, y porque, yo tan asocial, sin esa tela de araña que te conecta con unos cuantos contactos al azar, temo también sentirme un poco más muerta.
    Pero mira lo que has hecho, me has quitado un motivo para entrar en Facebook.
    ¡Besotes! ;)

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  2. Vaya! Me he enterado antes por tu blog que por Face, y no me extraña, entro poco y a los verdaderos amigos no os encuentro entre tanta gente, sea cual sea tu decisión, me parece bien, pero este blog por fa, ni se te ocurra!! Muchos besitos profe

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  3. La elecciones de cada uno son totalmente respetables. En un momento dado, todos nos damos cuenta que el tiempo que nos ocupa Internet es enorme, humildemente pienso que, como con todo, el tema es encontrar la manera de obtener elementos positivos del sistema sin permitir que éste nos invada. Pienso que un equilibrio adecuado es lo mejor, yo he logrado ir a muchos eventos culturales gracias a la información de las redes, pienso que todo es cuestión de selección.
    Como dije, respeto tu decisión, vivir la vida que se eligue siempre vale la pena.
    Saludos

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  4. Hola Arte+. Os recuerdo con gran cariño por ser amigos de Amparo. Gracias por comentar. Antes da nada, me gustaría comentar a todas que todo lo escrito en este blog es ficción, incluso esta entrada basada en " hechos reales". Mis motivaciones suelen ser ficticias y por las reales suelo pasar de puntillas.
    Dicho esto, te diré que llevas toda la razón del mundo, que el secreto, como en casi todo, está en la moderación, o en el autocontrol ( virtudes de las que yo mismo carezco) y también es cierta esa utilidad de las redes sociales. La vida se ha desdoblado en lo real y lo virtual y es evidente que si estás alejado de la virtual uno está menos en contacto con ella, o un poquito menos vivo, como trato de explicar al final del post. Saludos!

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