domingo, 12 de marzo de 2017

DE LLEGAR Y NO ENCONTRARME

He tenido la suerte o la desdicha de encontrarme con un poema de Alejandra Pizarnik, y ahora no me lo puedo sacar de la cabeza. A algunos humanos nos gusta recrearnos en el fango, sabiendo que es imposible salir de él, sacamos y metemos insistentemente la cabeza en él, rozamos el infierno, y nos quedamos en ese punto de inflexión en el que te hundes definitivamente, o asomas la cabeza para limpiarte un poco. 
La diferencia entre ésta y mis anteriores caídas, es la duración, el tiempo que llevo metido en el barro, rozando el infierno cada noche, recreándome en pesadillas que soy incapaz de controlar y en que ella se muere, simplemente se muere, malditos sueños, esta vez se han encargado de demostrarme que lo más temido es real, y que el tiempo no prepara para esto. De día suelo machacarme con esa canción de Lukas Graham que en principio pensé que me haría bien, pero las sobredosis nunca son buenas. Y lo que le faltaba a mi mente herida, poesía suicida. No temáis. Amo la vida por encima de todo. Pero no puedo dejar de emular mentalmente a Pizarnik desplegando mi orfandad 
sobre la mesa, como un mapa.
...
Los que llegan no me encuentran.
Los que espero no existen.
                                             

Nunca he escrito si me encontraba triste. No era capaz de sacarle brillo a las palabras, si es que alguna vez he sabido pulirlas. Dicen que la tristeza pasa, el solivianto, como diría ella, se irá atenuando con el tiempo. Yo tengo una teoría bien diferente. Han sido casi cuarenta años sabiendo de su existencia, del refugio de su mirada, del cobijo de sus palabras que todo lo simplificaban a un mientras yo esté aquí no habrá calamidades. Esta es otra etapa de la vida. Una más triste, sí, para qué o por qué negarlo. Ella no está por primera vez en mi vida, ella no me va a llamar, ella no me va a esperar con el brasero encendido, ella no va a despedirse de mí en la puerta de casa pidiéndome que no mire para atrás mientras conduzco. La vida sin ella seguirá siendo vida, pero perderá el don del consuelo escondido en última instancia, ese por si acaso, ese in extremis, ese just in case estás desesperado, pasa una tarde con ella, y las heridas parecerán sólo arañazos. 
Según esta teoría, a partir de ahora y sin remedio, seré un hombre más triste. Los que lleguen no me encontrarán. Los que espero no vendrán. Metido en esta vida a medio gas, seré incapaz de escribir más de dos párrafos derechos. Los días serán un intersticio entre el desprecio a la realidad sin ella, y el amor cobarde que siento por la vida y por mi hijo. Las noches permanecerán crueles, mostrándome con virulencia y sin tregua la deformidad de todo lo extinguido. 
Perdonadme vosotras, las que siempre venís a escribirme con ese amor tan vuestro, y tengo la desfachatez de no contestaros (me cuesta horrores entrar en blogger). Al fin y al cabo, de eso se trata. De llegar y no encontrarme. Espero que no os canséis. Intentaré seguir sujeto a la vida, y al mapa de la mesa. 

                           

2 comentarios:

  1. No se trata de sacarle brillo a las palabras, sino de sacarlas y que brillen por su cuenta, así que... no te subestimes.
    Ojalá consigas plegar ese mapa de la mesa y desplegarlo solo de momentos para jugar a las escondidas, no sé si te has dado cuenta de que discrepa con tu intento de seguir sujeto a la vida. Por lo demás, una persona no muere solo porque nos abandone el cuerpo, y ya sé lo que piensas al respecto, pero creo que para ti está más presente de lo que crees.
    Por cierto que te ha quedado bonito el texto y... por la "desfachatez" ni te preocupes que es más que comprensible.
    ¡Besotes, Javier, y un abrazo inmenso!

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  2. Estás Javi, siempre estás. No necesito que me contestes ni verte asomar, sólo saberte, conocerte y quererte. Los momento han quedado dentro de mí, llego a to a través de tus lecturas, de los momentos de otros, los personajes, que tantas veces me recuerdan a ti, a mi y a otros. Así persiste el amor pese a la ausencia. Yo también se que no lo crees y que no es consuelo. Las noches se vuelven agujeros negros para algunos, quizás especialmente para los que amamos la vida, pero llega el día siguiente y ahí seguimos, esperando que la nueva noche tarde un poco más en llegar. En todas mis noches estás tú. Y siempre lo estarás
    es precioso cuando abres esa ventanita de tu corazón, y es bueno que salga estas letras sin pulidos, no los necesitas, Nunca los necesitastes. Escribes demasiado bien ;)
    besotes

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