sábado, 18 de febrero de 2017

TRES PARES DE LABIOS

Llevabas tres pares de labios desvaneciéndose en la solapa de muesca de tu traje de chaqueta. Sólo habían pasado dos semanas desde que fuéramos a comprarlo en aquella tienda de tu barrio. Entraste cogiéndome de la mano, y por algún extraño motivo, me gustó ser exhibida trofeo ante aquel viejo conocido tuyo. No te lo compres tan blanco, te dije, que los colores claros lo delatan todo. Vámonos al Zara, verás que allí es más barato. No me hiciste caso. Saliste de aquella tienda con dos trofeos: yo misma y tu resistencia a mis consejos.
                  



Luego me acostumbré a que llegaras con ella del trabajo y que tardaras una cerveza en colgarla en el perchero. Igual que la tarde de los tres pares de labios que nadie sabe cómo llegaron hasta allí, igual que tantas otras cosas venidas de la nada, o de los lugares más insospechados. Hablabas con esa furia torrentera tan habitual en tu traje de chaqueta clarito. Hablabas como si la mentira, o las cosas venidas de la nada te hubieran dado cuerda. Hablabas de cómo se deben hacer las cosas y de cómo las hace la gente. Una tremenda gota recién condensada de tu botellín se deslizaba al compás de tu furia y mi deseo de que cayera justo en tus tres pares de labios. 
                     
              

Tú lo haces todo tan bien. La gente lo hace todo tan mal. Sí, sí, claro que te estoy escuchando, sólo que hoy estás más guapo que de costumbre con tus tres pares de labios que no pienso mencionar. La gente, me decías, te da una puñalada por la espalda cuando menos te lo esperas, y yo mientras pensaba en cuánto duele  dormir después de reventarse los sesos contra los azulejos de la cocina y todo eso. 


Desapareciste después de colgar tus tres pares de besos junto a mi chaqueta de domingo hoy tampoco, y te tragó la tele. Ella casi te entiende mejor que yo y tu chaqueta impregnada de historias de origen desconocido y de gente que hace mal las cosas. 


Yo no me acuerdo de cómo siguió la tarde. Si volviste a marcharte a seguir haciendo bien las cosas. O si yo me fui. Era julio como ahora. El sol se mostraba generoso e inundaba de luz todas las historias. Las que se ven y las que sólo se intuyen. La tarde era tan hermosa y tu chaqueta colgada era tan blanca que me olvidé de morirme.     


                           

1 comentario:

  1. Hermoso y el final, que olvidara moririse en esa bella tarde, un canto a la continuidad. También me quedo con ese subrayado de la nete que hace bien las cosas y como las historias desconocidas se conocen en esos tres besos, o como lo traga la televisión. Está tan lleno que no paro de leerlo y descubrir una nueva rama que nace. cada vez, me gusta más como escribes, porqué cada vez dominas más ese arte tan tuyo de decir tanto y de forma tan hermosa sin que tengas que extenderte demasiado. Bravo!
    Besotes

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