miércoles, 25 de enero de 2017

MERCROMINA

-¿Te acuerdas cuando me obsesioné con aquella canción, mamá? ¡Lo más cercano a Michelle Pfeiffer que hayas conocido!
-Sí, la del nudo en la garganta, siempre te gustó nadar a contracorriente. 
- Me gusta cuando me la cantas, aunque se me haga un nudo en la garganta porque te equivocas con la letra. 
- ¿Quieres que te la cante otra vez?
                                
Madre e hijo, Pablo Picasso. -Aceite-
- Sí, por favor.

- Yo te canto y tú me cuentas otra vez los motivos por los que amabas tanto a tu papá.
- Hecho.
                          
                      
A mi papá lo amaba tanto porque siempre me quitaba los miedos escondidos debajo de la cama. Porque su voz se extendía por toda la casa como un perfume de esos caros, que apenas percibes pero sabes que está. Porque sus ojos casi siempre eran los míos y mis miradas eran un puzzle por hacer que sólo adquiría forma cuando sus ojos me veían.
A papá lo amaba cuando tú me regañabas. Siempre sería posible que él llegara, te desdijera, y levantara tus castigos, aunque tú te fueras a la cama. También lo amaba cuando me cogía en volandas, y giraba y giraba, mis brazos abiertos, un poco de dolor en las muñecas, quizás, pero valía la pena volar con la seguridad de que no habría zarpazo teniéndolo a él como eje del mundo. También lo amaba cuando llegaba con un ramo de flores para ti; tú te levantabas de la cama, salías por fin de tu habitación, no sabes qué triste era que pasaras la tarde con el maquillaje, todo el tiempo sombra aquí, todo el tiempo sombra allá, que si tonos grises en los pómulos, que si un rojo cada vez más escarlata. Además, un ramo de flores indicaba que para mí seguro había regalo. Cógelo, mamá, pensaba yo. No le hagas ascos al ramo, él te trae amapolas porque estás tan mohína, dale las gracias y no vuelvas a hacer como la otra vez, que se las pisoteaste. No estaba bien que le hicieras eso, mamá. 
Pero, ¿sabes cuál fue el día que más lo amé, mamá? Fue el día en que se fue. ¿Te acuerdas? Dejaste de pintarte los labios con mercromina. 

2 comentarios:

  1. Me encanta el texto, con ese casi imperceptible golpe final en el que se explica de forma breve ese amar al padre en tiempo pasado, aunque todavía conservándole cierto cariño, con todo y la nostalgia y dualidad de sentimiento que pudiera provocar.
    Que canten y que cuenten otra vez y las que quieran y nunca tengan que usar de nuevo por causa de papá la mercromina. ¡Besos y un abrazote!! ;)

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  2. Bueno... Ya sabes, cruzo los dedos porqué el niño sepa crecer conservando más ese amor, que el rencor. y vuelvo agradecerte estos trocitos de los silencios que destapas con esa dulce melancolía. Pese al pasado y las acciones, tus padres siguen siéndolo y que difícil encontrar ese equilibrio que natural se oye en esa voz infantil. TK. besotes

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