viernes, 6 de enero de 2017

GAFAS

Era mayo de 2016, toda una eternidad, ya ven, el mes de tu cumpleaños, un detalle que nada tiene que ver si exceptuamos aquella canción que decía y que se muera hoy hasta el último poeta, pero que me quedes tú.
El mundo entero casi se nos cae - otra vez - como cuando descubrimos los retoques de la señora Cecilia sobre el Ecce Homo de Borja, casi como cuando los españolitos nos desternillábamos de risa a costa de Ana Botella y su relaxing cup of café con leche y nos rasgábamos las mentiduras, bilingües todas, y criadas en OV&RP (original version and received pronunciation).
En aquella ocasión el objeto que provocó nuestro grito en los cielos, oh, sí, fueron unas gafas. Éstas:
                                        

El harte a muerto, el apocalipsis se está acercando, la raza humana se está yendo a la mierda, decían todas esas personas tan expertas en arte y que sienten el deber moral de establecer el punto exacto de dónde empieza el arte y dónde acaba. Son ellos unos enviados de Apolo que viven en la tierra con el fin de salvaguardar nuestro gusto estético, y no dudarán en decirnos qué debemos leer, qué debemos ver, y qué debemos escuchar. 
Así que yo, que también sé mucho de arte, pues he estado una vez en el Reina Sofía, y dos en El Prado, he decidido hacer mi propia aportación - erudita - al tema. No piensen que no comprendo el sentimiento de vergüenza, ajena, por supuesto, porque todos somos muy dignos siempre y cuando el ridículo lo hagan otros, pero antes de que se acaben los anuncios del Sálvame, no, no, yo no... yo soy más de Acacias 38, piensen por un momento: ¿es necesario que haya unos señores que nos digan lo que es arte y lo que no? Aquellas gafas en el museo eran arte porque el contexto lo propició, ¿no creen? No quiero tampoco que se alarmen, no estoy proponiendo llevar pastas de dientes ni cargadores de móviles al Guggenheim de Santander. Sólo digo que de vez en cuando deberíamos mirar más allá de esos talibartes, comprender que el arte es jodidamente anárquico, y que si esa gente consideró que las gafas colocadas con viralidad y alevosía por un adolescente que pretendía reírse del mundo eran puro arte, déjenlos, joder, o es que ¿no han soñado nunca que su primera carta de amor era una auténtica obra de arte? Que ya sé que es un topicazo, pero la belleza está en los ojos de quien mira. 
Mírenme a mí, por ejemplo. Optimista artístico perdido. Llevo escritos cuatro párrafos y ya he pensado varias veces que éste es el mejor artículo del mundo sólo porque no paro de pensar en esas gafas. Son exactamente iguales que las que tú llevabas cuando te quedaste a dormir en el cuarto de al lado y otros cuentos. 
                                   
                        y

3 comentarios:

  1. Esas gafas tienen quien las defienda, jajaj. Me encanta aquello de "el harte a muerto", resalta lo equivocado que estaba (o está) quien lo expresó; que le presten las gafas para que lo vea mejor. ¡Me encanta la entrada y también que estés de vuelta! ¡Abrazotes!! ;)

    P.D.: Creo recordarme de esos otros cuentos... "y ya sabes tú cómo tardan en secarse las malas intenciones en invierno".

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    1. Aún no se han secado Fritzy, con todo lo que eso implica, literariamente, claro.

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  2. Hola a ambos. Ya sabéis tardo, pero llego. Al menos en los comentarios porque os leo y os disfruto. Curiosamente el día que leí esta entrada y me llevé la alegría de encontrarme de nuevo en mi casa, tu blog, estaba escuchando una entrevista aun tasador de arte que explicaba en que se basaban para evaluar una obra. Fueron muchas las vueltas que me dió la cabeza después sobre el concepto de "Harte" (;), muerto o no
    Así que encontrar esta entreda, una vez más, se unía a mis reflexiones. No cnocía este caso de las gafas pero ilustra muy bien como está el patio y al fin y al cabo, que más personal de el gusto de cada uno y sus muchas facetas, y hasta eso es variable en función de cosas como el estado de ánimo.
    Estoy segura. también, que tu primera carta de amor debió de ser una obra de arte. igual que el resto de ellas. Besazos profe y encantada de encontrarme también con mi compi comentarista Fritzy.

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